Por la razón o la fuerza

Reseña del último libro del sociólogo Marcos Roitman Rosenmann

 

Vocesenlucha

 

 

“La memoria colectiva y la historia son un campo de batalla. Forman parte de la guerra de cuarta generación desarrollada por el actual capitalismo digital. Sin memoria no hay recuerdos, no existe responsabilidad, culpables de genocidio, torturas ni crímenes de lesa humanidad. Todo se desvanece bajo la perspectiva de un pragmatismo ramplón. No hay lugar para nada que no sea lo inmediato, lo irrelevante, el chascarrillo. Así se construye el olvido”.

Marcos Roitman, Por la razón o la fuerza

Recientemente ha llegado a las librerías el último libro del sociólogo Marcos Roitman Rosenmann, Por la razón o la fuerza. Historia y memoria de los golpes de Estado, dictaduras y resistencias en América Latina, publicado por la editorial Siglo XXI, un trabajo que profundiza y aumenta considerablemente su anterior texto Tiempos de Oscuridad (Akal, 2013), al ampliar algunos capítulos y añadir otros nuevos que actualizan la comprensión de las maniobras para la desestabilización de gobiernos y la toma del poder en la región latinoamericana.

Este texto es una especie de manual de los golpes de Estado en América Latina que llena de matices, mediante la descripción rigurosa de los hechos históricos y el necesario relato interpretativo de los mismos, las habitualmente limitadas definiciones o miradas del concepto golpe de Estado. Si nos remitimos a la Real Academia Española de la lengua, ‘golpe de Estado’ es una “actuación violenta y rápida, generalmente por fuerzas militares o rebeldes, por la que un grupo determinado se apodera o intenta apoderarse de los resortes del gobierno de un Estado, desplazando a las autoridades existentes”. Y cómo no acudir, en estos tiempos de “capitalismo digital”, como los llama Roitman, a buscar la respuesta rápida en Wikipedia, que define ‘golpe de Estado’ como “la toma del poder político de un modo repentino y violento, por parte de un grupo de poder, vulnerando las normas legales de sucesión en el poder vigente con anterioridad”. No podemos estar en desacuerdo con tales definiciones. Sí con sus estrechos límites. Quedarnos en la descripción ubicua sin aterrizar en la arena movediza de la historia tiene el riesgo de abandonar nuestra conciencia en una suerte de nube cibernética de la imprecisión, en la rigidez de las definiciones, en la palabra sin suelo. Por la razón o la fuerza es sin duda un antídoto contra esta epidemia del siglo XXI.

Este nuevo documento del profesor Roitman es la demostración de que cada vez que en la historia de América Latina la voz del pueblo se ha expresado democráticamente eligiendo a un gobierno que pudiera representar mínimamente sus intereses, por no hablar de un gobierno popular o un gobierno de los trabajadores, la maquinaria implacable del imperio más imponente que haya parido el planeta tierra se pone en marcha para derribar de todas las manera habidas y por haber, por la razón o la fuerza, ese intento de construir otra realidad posible donde el nosotros colectivo se imponga al individualismo rapaz. Goulart en Brasil, Árbenz en Guatemala, Allende en Chile o Chávez en Venezuela dan buena cuenta de ello. En palabras de Roitman, “las burguesías latinoamericanas cuando han sido derrotadas en las urnas no han tenido rubor en acudir a la técnica del golpe de Estado para mantener sus privilegios de clase. Parecen no aceptar las reglas del juego. Su comportamiento antidemocrático es una de sus señas de identidad”.

La demostración histórica de esta realidad la vemos con dos procesos emblemáticos tratados ampliamente en el texto. Uno pertenece al pasado, otro al presente. El cerco al Chile de Allende, la Venezuela bolivariana. Libros abiertos de la cantidad de variantes que puede adoptar la maniobra del golpe de Estado para derribar una experiencia democrática de aspiración socialista. Desde el violento golpe militar hasta los llamados golpes blandos o impeachment, “un arma arrojadiza utilizada para romper el orden constitucional judicializando la política”, pasando por maniobras de desgaste y cerco a la población mediante la guerra económica o financiera, la llamada “guerra de cuarta generación”.

El autor conoce bien la experiencia de Allende. De origen chileno, vivió en su juventud los tres años de gobierno de la Unidad Popular, vibró en las calles de Santiago junto al calor del llamado Poder Popular. El día siguiente al golpe dirigido desde EEUU y encabezado por Pinochet, fue detenido en la Universidad Técnica de Santiago de Chile junto a compañeros como Víctor Jara y desplazado al Estadio Nacional, campo de concentración improvisado donde se torturó y se asesinó impunemente. Marcos Roitman contempló de cerca el rostro del terror de Estado, por eso lo conoce bien. Sobrevivió. Logró exiliarse en España, consagró su vida a combatir ese terror desde la trinchera del pensamiento crítico y la enseñanza, entre otras materias, de Estructura Social de América Latina, en la Universidad Complutense de Madrid, donde hoy continúa disparando su verbo en una lucha por abrir grietas en las conciencias de las nuevas generaciones. “No se trata de pensar como Roitman, de lo que se trata es de pensar”, suele decir a sus estudiantes. La historia también depara justas recompensas. Por eso, tras colaborar con el jurista Joan Garcés en la causa contra Pinochet, logró ver al traidor genocida sentado en el banquillo.

Esa otra experiencia analizada con detalle es la del país que desde hace años ocupa portadas de medios internacionales y que trae de cabeza a los más portentosos cerebros del imperio: Venezuela. Por la razón o la fuerza hace un repaso histórico de los hitos fundamentales del proceso bolivariano desde la sorpresiva victoria en las urnas de Hugo Rafael Chávez Frías en 1998 hasta los más recientes acontecimientos donde aparece en escena el títere de EEUU Juan Guaidó. Incluido, hablando de escenarios, ese circo organizado recientemente en la frontera colombo-venezolana, el concierto de la vergüenza donde mercenarios de la industria discográfica norteamericana montan un megatinglado para domeñar las conciencias de Occidente y legitimar una intervención bajo la excusa de la supuesta “ayuda humanitaria”. Es en esos despliegues de la maquinaria imperial donde el concepto golpe de Estado se llena de matices, se ramifica y amplía hasta límites no imaginados. Ahí, el cerebro siniestro de la historia pone todos sus resortes intelectuales a funcionar para enriquecer, completar o demoler las frías paredes descriptivas, el espectro de las definiciones.

Este trabajo es algo más que esa demostración del acoso y derribo histórico contra gobiernos democráticos o revolucionarios. En su intento de sistematizar los golpes de Estado de la región, nos topamos con otros casos más particulares, menos ortodoxos, donde el imperialismo tumba no a un gobierno popular o de perspectiva emancipadora, sino a un gobierno de las élites que simplemente no se doblega a los intereses de la bota estadounidense. En otras ocasiones, son los propios representantes elegidos en las urnas quienes mediante un autogolpe disuelven las instituciones democráticas. Y, cómo no, la historia también nos regala casos en que son las fuerzas democráticas articuladas las que se enfrentan a poderes oligarcas o neoliberales amarrados a un poder institucional podrido para intentar instalar un gobierno popular.

Por la razón o la fuerza constituye un puzle articulado de los golpes de Estado en lo que EEUU considera su patio trasero, donde los ejércitos locales se convierten en apéndices de los intereses del amo, en ese proceso que la escritora María José Rodríguez Rejas llama “la norteamericanización de la seguridad en América Latina”1. Pero este trabajo es, insistimos, algo más que un recuento o una enumeración cronológica de esos golpes, algo que por cierto podemos encontrar en un anexo al final del texto. Este libro aborda cuáles han sido esas diferentes metodologías y estrategias del poder hegemónico para desestabilizar y golpear gobiernos, para controlar el poder político. Para eso, es necesario no solo meterse en el corazón del monstruo, sino intentar penetrar en su cabeza, descifrar su pensamiento. Marcos Roitman comete el sacrilegio de lanzarse a una aventura tan incómoda como por desgracia poco habitual en el pensamiento crítico. Mediante una exhaustiva incursión en territorio ajeno, se sumerge en textos, informes o manuales escritos y diseñados por los poderes hegemónicos y su corte intelectual, y captura las palabras del mal para descifrarlas y lograr una mejor comprensión, ya no del adversario político, sino del enemigo. No encontramos otra manera de definir al poder que ha regado de sangre, terror e infamia toda una región sino como enemigo de los pueblos, como enemigo de la humanidad. Haciendo suyo el lema de que es imprescindible conocer al enemigo para combatirlo, el escritor arma un caleidoscópico relato de las maniobras antidemocráticas del poder, sus marcos operativos y sus escenarios intelectuales. Desde la Doctrina de Seguridad Nacional adoptada por Estados Unidos durante la Guerra Fría para combatir al “enemigo interno” hasta las actuales estrategias antisubversivas bajo la excusa de la lucha contra el nuevo enemigo desde el 11 de septiembre: el “terrorista universal”, pasando por la coartada de la guerra contra el narcotráfico, o “la dimensión de «potencial enemigo», que convierte a la población civil en objetivo político-militar”, este trabajo es en realidad la historia de la lucha anticomunista, antirrevolucionaria y antidemocrática en América Latina desde el siglo XIX hasta hoy. Un relato que evoca el conflicto histórico por antonomasia de la humanidad: el de la dignidad frente al oprobio.

Otra novedad de este texto es el capítulo sobre la lucha de los movimientos sociales por la rearticulación de esa dignidad democrática usurpada por dictaduras autoritarias a las que define como “dictaduras fundacionales”. Además de las manifestaciones de la poesía, el arte, la pintura o la literatura como herramientas de lucha contra el terror de Estado, se incluye en todos estos procesos de luchas democráticas en América Latina el papel de la mujer. En un momento en que la lucha feminista vive un extraordinario auge, en ocasiones desde un discurso desprovisto de significado histórico y desvinculado de la perspectiva de clase, es todo un aporte para ese movimiento conocer más sobre la historia de esas mujeres que se jugaron y se juegan la vida en Latinoamérica por defender la libertad.

Es por todo esto, y mucho más, que esta obra es, como dijera el poeta, “un arma cargada de futuro”, un arma de esas que riegan conciencias, de esas que construyen un mañana mejor. Un aporte imprescindible a la tan necesaria recomposición de la memoria colectiva. ¿Qué debe ser la memoria si no una herramienta colectiva para un “mañana menos jodido”?, como nos expresaba a la cámara de Vocesenlucha un dirigente afrocolombiano en el Cauca.

Para acabar este elogio a la virtud, sin temor alguno a destripar nada, hablaremos del principio y desvelaremos el final. El texto comienza con una dedicatoria: “A todas las víctimas que sufren la persecución anticomunista, dan sus vidas y combaten la explotación capitalista. A los trabajadores de Nuestra América que luchan por romper la dependencia imperialista”. En estos tiempos líquidos de amnesia colectiva, tan poco dados a poner nombre a las cosas, de apuntar a las causas, encontrar una referencia explícita al origen de nuestros males es toda una osadía. Apuntar al capitalismo, poco menos que una injuria, una bofetada a lo políticamente correcto. En estos tiempos posmodernos de aparentes neutralidades, como decía uno de esos poetas anónimos del pueblo de origen chileno que hace unos días conocimos en un pueblo de Albacete, “nuestro canto no puede ser neutral”. Y es por eso que las palabras del autor son una declaración de intenciones, una toma de posición junto a los humildes y frente al oprobio imperialista. Más llamativo resulta en estos tiempos de indefiniciones, de modas pasajeras, de progresismos 2.0, mencionar palabras condenadas al destierro cuando no vilipendiadas. El texto finaliza con una de esas palabras herejes que dibujan un horizonte libre de ataduras imperialistas, emancipado de oprobios y destierros: socialismo.

Para armar ese horizonte soñado, toca primero desenmascarar la infamia, recuperar la memoria. Esa “es la labor de todos aquellos que se sientan comprometidos con la libertad, la justicia social, la democracia”. Es por eso que esta obra es imprescindible.

Nota:
1 La norteamericanización de la seguridad en América Latina (Akal, 2017), es el título del libro de María José Rodríguez Rejas, coautora del apartado de Por la razón o la fuerza“Guerra y desestabilización: La norteamericanización de la seguridad en América Latina”.

Vocesenlucha. Espacio de comunicación – Pueblos América Latina, el Caribe y Estado español

vocesenlucha.com

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=254979

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