Hacia un marxismo posmoderno

 

 

 

Pensar que son ideas aleatorias, absurdas que surgen ahora porque la gente es imbécil o algo parecido y antes la gente tenía “las cosas claras” es a mi juicio entrar en la descalificación antes que en el estudio minucioso del fenómeno, es emprender un juicio sin leyes dejándolo todo a la ideología del juez. No, esto no surge porque Dios le ha dado un ramalazo y se ha puesto a inyectar tonterías en el personal, sino que es producto del desarrollo lógico de la realidad material, incluyendo evidentemente la economía política capitalista pero jamás monopolizándola.

Algunos podrán decir que no es Dios, sino el capitalismo quién a través de sus mecanismos reproductivos ha creado está falsa conciencia posmoderna. Es él quien quién nos engaña y nos hace pensar que existen más de dos géneros, es el quién diluye la identidad de la clase obrera para distraernos con, en el sentido más literal, mariconadas.

Llamadlo como queráis, pero pensar que la realidad material presente se encuentra inserta, sin ningún pie fuera, sin un espacio precisamente para la dialéctica, dentro del marco de la economía política capitalista es pensar al capitalismo como una totalidad determinada y determinante por “la historia”. En otras palabras: El capitalismo es quien determina la realidad material. Esta manida tesis del comunismo más cerrado, o directamente de la socialdemocracia resulta absurda, pues de ella surge la consecuencia lógica directa de su incongruencia. Si la historia está determinada por las relaciones del capital y el capital es consecuencia directa del desarrollo histórico es imposible una historia que haya conducido al capitalismo y que a su vez haya sido determinada por el capital, es como pensar que un hijo(el capital) es padre de su padre(la historia). La historia, o por lo menos nuestra historia jamás será la historia del capital, sino la historia de la dialéctica.

Es aquí donde se encuentra el meollo de la cuestión, hay algo más que capital, y por ello hay algo más que marxismo. Parafraseando a Althusser, el materialismo se encuentra en Marx, cierto, pero también en Demócrito, Epicuro, Maquiavelo, Spinoza, Hobbes, Rousseau o Heidegger y no son sino bases teóricas que evidentemente no podemos evitar. Todos y cada uno de ellos no son materialistas mediocres, sino que materialista que estudian la realidad material desde ópticas diferentes a “la mierda económica”. Debemos aceptar, y sobretodo aprender a ser algo más que marxistas, por lo menos si aceptamos al marxismo como una ciencia con su objeto de estudio bien definido que es la economía política capitalista. Si se piensa como divagaciones de una izquierda cultural caracterizada por estar rellenada de hoces y martillos en los costados y memes de Stalin mandando al gulag evidentemente el marxismo habrá perdido toda su capacidad revolucionaria.

El capital totalizante, y con ello, el marxismo totalizante (deduciéndose de ello una genética marxista, un derecho marxista, una verdad marxista, una ética marxista o una lengua marxista) resulta completamente absurdo, no por argumentos externos, sino internamente cae por su propio peso. No, el marxismo no es una cosmovisión, y si lo es, que tal vez lo hayamos convertido en ello, es empíricamente inútil.

Algunos entenderán que estoy proponiendo un abandono parcial del marxismo pero nada más lejos de la realidad, estoy reconociendo al marxismo como una ciencia con su objeto de estudio pertinente, no como divagaciones aleatorias que los medios de comunicación detectan como extrema izquierda.

Antes de enjuiciar la propuesta política ya presente en el mismo título es de agradecer que no se partiera de prejuicios y categorías extrañas al texto que ni siquiera están aún presentadas. Entrar en este texto, aunque en realidad en cualquiera queriendo ver lo que ya uno presupone que sabe, no solo es abiertamente antimaterialista, sino en cierta medida una forma de colonialismo intelectual hijo directo del proyecto moderno imperialista. Tomar al objeto de juicio como un objeto que ya previamente se ha discutido hace inviable un juicio particular de ese objeto de juicio, destruyes la especificidad del texto para convertirlo, transformarlo, enajenarlo en un texto que en tu soberbia individual impones. Así pues, si está es vuestra actitud es preferible que dejéis de leer este texto pues os supondrá una completa pérdida de tiempo, volved a leer lo que ya sabéis para volver a aprender lo que ya sabéis, si es que a eso se le puede llamar aprender.

Hacer explícita esta actitud interpretativa en este texto no es accidental sino que es producto de la más absoluta necesidad cuando intentas defender un concepto tan absurdamente vilipendiado. Hablemos claro, sé que incluso después de este texto la posmodernidad tiene todas las de perder en los grupúsculos marxistas, pero eso desde luego no resta su imperiosa necesidad sino todo lo contrario, la hace aún más necesaria.

Es frecuente oír en redes sociales o incluso en nuestra propia militancia que tal o cual es “posmo” pretendiendo desacreditar sus argumentos. Ahora bien, si se carece de una definición mínimamente acordada cada uno entenderá lo que le de la real gana, es decir, que cada uno en realidad hablará consigo mismo en vez de con el otro, rompiendo evidentemente el valor de la propia comunicación. Será, y de hecho es, una conversación entre pedantes que lo único que pretenden es masturbarse con la otra persona delante para que vea su extraordinario hacer sexual consigo mismo.

Ahora bien, nos hemos olvidado del valor más relevante que nos ocupa esta particular comunicación twittera. Por un lado, la evidente, presupuesta falsedad de la posmodernidad y por otro la misma realidad a la que se refiere la completa indefinición del concepto. Lo segundo no es algo que debería hacer un tercero como es mi caso, sino los mismos que la utilizan a la ligera, pero puestos en faena habrá que ver qué podemos hacer.

Este significante vacío que aúna la izquierda bajo un mismo estandarte contra los “progres” suele ser utilizado como arma arrojadiza se define a juicio de cualquiera y siendo lo más imparcial posible como la exacerbación del individuo como sujeto político completo, afectante y afectado y por otro lado, y probablemente el más sangrante, la disolución de las diferencias subjetivas con el objetivo de encontrar una unión social, un totem, una comunidad alrededor de “las magdalenas” de Carmena.

Ahora bien, si somos mínimamente materialistas, entender la posmodernidad como una doctrina de ideas con la que puedas estar más o menos de acuerdo carece de completo rigor científico. Si tomamos las ideas como un objeto de estudio al mismo nivel que quién estudia la gravedad, entrar a discutir el valor de verdad de la posmodernidad es como si un físico entrara a juzgar la constante gravitacional porque le gustaría saltar más alto, un autentico disparate. Es por ello que es esencial saber de dónde proviene este fenómeno para así, utilizar cual ingeniero las leyes que lo conforman.

Si la polis tenía en medio el ágora, el estado moderno tenía en medio la nación articulada principalmente por tres ejes, la lengua, la religión y por último la raza. Eran esos tres ejes los que daban sentido al Estado, a la división, a la diferenciación entre un Estado y otro. Si fallaban, si esta diferenciación entre franceses y españoles no se daba, si se entendían entre ellos estableciendo puentes en común dejarían de ser precisamente franceses o españoles. De hecho, lo primero que hacía el estado-nación para darse sentido a sí misma, para tener un lugar propiamente “español” o “francés” era forzar estas diferencias, enseñando la lengua y la religión. La comunidad política por antonomasia, el estado-nación tras las dos guerras mundiales se encuentra en completo descredito. La nación, lo que vertebraba la comunidad política en los Estados occidentales había llevado la humanidad al Holocausto, a millones y millones de muertos, a la miseria y al hambre. Es en esta deslegitimación de lo que hacía Estado al Estado donde el individuo nace con más fuerza que nunca, pero no porque el capital nos quiera necesariamente diferentes entre nosotros, sino por la derrota del proyecto comunal por excelencia, la modernidad. Es aquí donde las jóvenes empiezan a buscar alguna forma de agrupación ante la locura tardocapitalista. Que si las drogas, que si la música, que si el cine, incluso llegando a ser la revolución un lugar de encuentro como los “enragés” franceses demuestran.

La política nacional que se encontraba encerrada en los despachos del rey y su maquinaria, el Estado, se diluye entre las individualidades y es por ello que el mismo Althusser llama Aparato Ideológico de Estado a cosas que no son para nada en principio estatales como los sindicatos o la familia. La centralidad radical de la nación como organizador político que ocupaba el Estado desaparece multiplicándose entre los nuevos sujetos políticos, que traslada sus competencias al individuo.

El individuo está solo, y es en su hacer, en sus relaciones interpersonales donde se encuentra la política, donde puede determinar y ser determinado al/por el resto. La política en su sentido fuerte se da a la fuga. El politiqueo institucional, aburrido y jubilado no tiene ningún poder sustancial, solo lo gestiona, lo administra. El Estado institucional posmoderno no supone un centro político donde se dé ningún cambio radical como si lo podía suponer la toma de la bastilla bajo lentes jacobinas, sino que su única labor es la del funcionario que organiza, llevar lo que hay lo mejor posible bajo criterios objetivos. Las diferencias subjetivas, de intereses entre clases, entre esos individuos carecen de importancia, lo que importa es lo objetivo, en lo que todo el mundo está de acuerdo, bajar la deuda pública, el paro y los casos de corrupción, el que sepa gestionar eso será quién se lleve el voto. Es este el espíritu de Carmena.

La felicidad o el amor aparece en los pasos de cebras intentando dar sentido a la ciudad como unión de ciudadanos pues tanto a la madre violada por su exmarido como al mismo exmarido o al emprendedor freelance clasista y al perroflauta de Glovo les gusta ser felices y sentirse queridos. La propuesta de Carmena es precisamente una herramienta para la posmodernidad y que nosotros ni siquiera aceptamos utilizar, por lo menos conscientemente, generar comunidad ciudadana bajo significados compartidos. Si hay algo que está pidiendo el individuo posmoderno es su comunidad de la que carece y Carmena se la da. El fracaso evidente de “la ciudad de las magdalenas” radica en que no es ninguna comunidad, no pone límites al sujeto, lo deja abierto a todo el que quiera ser feliz. Volvemos otra vez a la política objetiva, indiferenciada y por ello moderna e inútil.

El individuo posmoderno es político, lleno, completo, no como “media naranja” o como “una parte del cuerpo de Dios”, o como “un hijo de la patria” que debe cumplir un lugar, que debe precisamente estar “sujeto” a una identidad socialmente dada. Es en su hacer particular, en sus actos propios donde precisamente tiene relevancia, donde toma presencia como alguien diferente al resto, se de-termina como un individuo capaz de cambiar las relaciones inherentemente políticas entre los sujetos. La posmodernidad, lejos completamente de ser un hijo legítimo del tardocapitalismo, aunque desde luego relacionado dialécticamente con él es abiertamente contrario al capitalismo. Las lógicas capitalistas son dependientes del sujeto moderno, del individuo como sujeto terminado, predecible y aburrido(solo hace falta ver las críticas sesentayochistas). El capitalismo impone las necesidades mercantiles en la política en su sentido posmoderno, pero como hemos visto, estas necesidades capitalistas no tienen nada que ver con la posmodernidad sino que están constantemente en pugna con ella, infiltrándose a duras penas en ella. El individuo posmoderno es el individuo de la independencia por excelencia, independiente ante el hombre, ante el heterosexual, ante el blanco, ante la policía, ante los recursos del planeta, antes los animales y también ante el patrón.

Álvaro Coscolín Fidalgo. Estudiante de filosofía y militante de la UJCE.

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=253055

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