El Papa Francisco señala: “No es justo identificar al Islam con la violencia”, y se contrapone con el discurso del derechista uruguayo Julio María Sanguinetti

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1 de agosto 2016.- El Papa separó la religión del terrorismo en el vuelo que lo llevó desde Cracovia a Roma; habló sobre diversos temas, como la situación en Venezuela y en Turquía.

Elisabetta Piqué, 31 julio 2016.- “No se puede decir, no es verdad y no es justo, que el Islam sea terrorista”. Fue lo más fuerte que dijo hoy Francisco en la tradicional conferencia de prensa que concedió en el vuelo que desde Cracovia lo llevó de regreso a Roma, en la que respondió diversas preguntas, aunque sin dar contestaciones precisas. Habló de la posible mediación de la Santa Sede en Venezuela, sin confirmarla; de la situación en Turquía después del fallido golpe, que aún está siendo analizada por el Vaticano; y de las investigaciones por presuntos abusos sexuales que penden en Australia sobre la cabeza del cardenal George Pell, el “zar” de las finanzas del Vaticano.

Sí respondió una pregunta sobre su estrepitosa caída, el jueves pasado, al principio de una misa. “Yo miraba la Virgen y me olvidé del escalón… Estaba con el incensiario en la mano. Cuando sentí que caí, me dejé caer y esto me salvó, porque si hubiera hecho resistencias hubiera tenido consecuencias… Estoy bien, fenómeno”, aseguró, sonriente y en buena forma pese a la maratón de cuatro días y medio en Polonia.
En una conferencia de prensa de media hora, con seis preguntas, el Papa no sólo dijo que “no es justo identificar al Islam con la violencia, no es justo y no es verdadero”, sino que también planteó una extraña comparación entre la violencia terrorista y los femicidios. Lo hizo ante un pregunta sobre por qué nunca menciona la palabra “islam” cuando condena el terrorismo, realizada en el marco de la brutal oleada de atentados terroristas que sacudió Europa, y especialmente dejó en estado de shock a Francia, donde un anciano sacerdote fue degollado en una Iglesia por presuntos “soldados” del grupo terrorista Estado Islámico (EI).

“No me gusta hablar de violencia islámica, porque todos los días cuando hojeo los diarios veo violencias”, dijo. Y agregó que en Italia a diario salen noticias de brutales asesinatos: “Éste que mata a su novia, otro que mata a la suegra, y estos son católicos bautizados, son violentos católicos”, afirmó. “Si hablo de violencia islámica, debo hablar de violencia católica. Y no, no todos los islámicos son violentos, y no todos los católicos son violentos. Es como la macedonia, hay de todo”, agregó. Acto seguido, aseguró que lo único cierto en este contexto es que “en casi todas las religiones hay un pequeño grupo fundamentalista”. “Nosotros tenemos”, admitió, refiriéndose a los fundamentalistas católicos: “Se puede matar con la lengua, como dice el apóstol Santiago”, remató, irónico.
Al reiterar que “no es justo identificar Islam con violencia”, Francisco también evocó el largo diálogo que tuvo hace unos meses con el imán de la universidad de Al-Azhar, la máxima autoridad musulmana sunnita. “Sé cómo piensan ellos, buscan la paz, buscan el encuentro”, dijo. Contó que el nuncio de un país africano le dijo que en la capital donde vive hay colas de católicos para cruzar la puerta santa para el Jubileo, pero que la mayoría va a rezar al altar de la Virgen: “Son musulmanes que quieren el Jubileo, son hermanos”. Evocó asimismo su viaje a la República Centroafricana, en noviembre pasado, cuando visitó una mezquita, cuyo imán se subió al papamóvil. “Se puede convivir bien, pero hay grupitos fundamentalistas”, reiteró.
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En lo que resultó un dardo para al Viejo Continente, por otro lado, pareció culpar las políticas económicas de los últimos tiempos de la explosiva situación actual. “Pero me pregunto: ¿cuántos jóvenes que nosotros, europeos, dejamos vacíos de ideales, que no tienen trabajo, que caen en las drogas, en el alcohol y van allá y se enrolan en grupos fundamentalistas?”. Finalmente, reconoció: “Podemos decir que el llamado Estado Islámico, es un estado islámico que se presenta como violento, porque nos deja ver en su carta de identidad cómo en las costas libias degolla a egipcios y otras cosas. Pero esto es un grupito fundamentalista que se llama Isis”. “No se puede decir, no es verdad y no es justo, que el Islam sea terrorista”, insistió.
En un conferencia en la que hubo una torta de despedida para el padre Federico Lombardi, que después de 10 años de vocero, mañana dejará su cargo -será reemplazado por el norteamericano Greg Burke, ex periodista de Fox News, laico y del Opus Dei-, el Papa también respondió una pregunta acerca del silencio del Vaticano ante la represión y purgas que hubo en Turquía luego del fallido golpe militar contra el presidente Recep Tayip Erdogan.
“¿Por qué el Papa no intervino, por temor a que haya repercusiones sobre la minoría católica?”, fue la pregunta. Al respecto, Francisco dijo que cuando tuvo que decir algo sobre Turquía, lo dijo, “con las consecuencias que se conocen”, refiriéndose, sin mencionarlo, al centenario del genocidio armenio, el año pasado, que provocó un cortocircuito diplomático. Y explicó que hasta ahora no habló “porque, con la información que recibí, no estoy seguro de lo que está pasando ahí”. Aseguró, no obstante, que está analizando la situación con información de la Secretaría de Estado del Vaticano, de analistas y asesores. “Es verdad, siempre debe evitarse el mal a los católicos, pero no al precio de la verdad. Está la virtud de la prudencia, pero en mi caso, ustedes son testigos de que cuando tuve que decir algo que tocaba a Turquía, lo dije”, reiteró.
Sobre una posible mediación con Venezuela, admitió que no estaba seguro de lo que estaba sucediendo, aunque confirmó la existencia de “contactos” y la posibilidad de que la Santa Sede forme parte del grupo de la mediación formado actualmente por tres ex presidentes: el panameño Martín Torrijos, el dominicano Leonel Fernández y el español José Luis Rodríguez Zapatero. “Pero no estoy seguro”, recalcó.
Finalmente, ante una pregunta sobre qué debería hacer el cardenal australiano George Pell -uno de sus máximos colaboradores, prefecto de la Secretaría de Economía del Vaticano y miembro del G9, el grupo de 9 cardenales consultores-, recientemente acusado en su país de abusos sexuales, Francisco fue claro. “Si yo emitiera un juicio a favor o en contra del cardenal Pell no sería bueno porque juzgo antes. Es verdad, hay dudas, pero está el principio “in dubio pro reo” (en caso de duda, se falla a favor del reo)”, dijo. “Debemos esperar la justicia y no hacer nosotros un juicio antes, un juicio mediático, un juicio de los chimentos. Cuando la justicia hable, hablaré yo”, concluyó.

Una visión del conflicto mundial desde la derecha uruguaya, xenófoba y guerrerista

El terrorismo islámico y la guerra que cuesta asumir

Por Julio María Sanguinetti

31 de julio de 2016.- Cada uno en su campo, el policial, el militar, el político o el espiritual, los líderes de Occidente deben estar dispuestos a dar batalla a los enemigos que le han declarado la guerra a nuestra cultura de libertad.
Los atentados de Niza y la decapitación de un anciano sacerdote católico que oficiaba misa han puesto a Francia (y a toda Europa) frente a dos cambios cualitativos en la guerra con el terrorismo islámico: ya no hace falta una gran organización para agredir, basta un frustrado o un psicópata que se motive en el discurso islámico de la humillación por Occidente para lanzarse a matar y morir; el ataque a los cristianos no se da sólo en el Oriente, sino que aun en el corazón de Normandía puede ocurrir algo tan terrible como un asesinato filmado. De paso, no olvidemos que aquí, entre nosotros, se mató a un uruguayo judío por fanatismo y que el arma asesina la empuñó un maestro uruguayo perturbado, que había encontrado en la religión musulmana un camino a la sublimación heroica.
El Gobierno de Francia, el de la histórica república laica, ha sido débil en la defensa de sus mayores valores. Por miedo a ser acusado de incurrir en islamofobia, se tolera el velo en las estudiantes universitarias, el ominoso velo, símbolo de discriminación femenina. Por el peso de una seudotradición de izquierda, no se emplea la legal pérdida de la ciudadanía a aquellos que la obtuvieron y hoy militan en organizaciones extremistas. Por temor a los disturbios, se maneja a medias la fuerza pública en aquellos lugares donde predominan los salafistas o el narcotráfico.
Cuesta pensar cuál es la agresión que todavía hace falta para que se asuma la necesidad de instalar una orden de combate del Estado democrático. Del único que asegura las libertades políticas y los derechos humanos y que no puede tener vergüenza de asumirse como superior frente a estas religiones del odio.
Naturalmente, el tema no está solamente en Francia: Alemania está siendo agredida y la canciller Ángela Merkel, que valerosamente asumió una conducta generosa hacia los refugiados de las zonas orientales en conflicto, se la está viendo mal frente a una opinión pública que reacciona por crímenes que difunden el temor. No olvidemos que la musulmana Turquía también está sufriendo sangrientos ataques de esos mismos grupos radicales que hieren profundamente su turismo.
El gran problema es que los demócratas —sean conservadores, liberales, socialistas o democristianos— no asumen cabalmente las consecuencias de ese estado de guerra y siguen creciendo los nacionalismos xenófobos. Nos vamos aproximando, paso a paso, a la hipótesis de la novelaSumisión: una opción política entre estos neofascismos o las corrientes islámicas transformadas en partido político.
Sumándose a las confusiones de los Gobiernos, el papa Francisco ha contribuido con otra actitud anfibológica, como las que últimamente ha empleado. Afirmó: “El mundo está en guerra”, porque ha perdido la paz y no tiene miedo a decirlo. Pero añadió: “El mundo está en guerra, pero no es una guerra de religiones”. “Hablo en serio de una guerra de intereses, por dinero, por los recursos de la naturaleza, por el dominio de los pueblos”. Parecería que el líder de la Iglesia Católica vive en otro mundo, porque ¿cuál es la motivación del asesinato de Niza o de todos los que han degollado y decapitado enemigos delante de las cámaras de televisión? ¿No pertenecen todos, sin excepciones, a organizaciones musulmanas radicales que proclaman la destrucción de Israel y de Occidente? Es más: ¿No se matan entre ellos chiítas y sunitas, del mismo modo que lo vienen haciendo desde que se disputan el legado del Profeta?
¿Intereses? ¿Se puede hablar simplemente de intereses? Esos terroristas que se inmolan con chalecos explosivos, dispuestos a morir por Alá con tal de matar cristianos o judíos, ¿no son fanáticos religiosos?
Entendemos que el Papa no quiera excitar aún más el odio, pero, si reconoce que hay guerra, ella se libra entre enemigos, como lo dice la lógica más elemental. De un lado, está toda la civilización occidental y del otro, el islam radical en sus diversas vertientes. Ya sabemos que no son todos los musulmanes, pero en ese escenario es donde quizás el Papa podría ayudar, promoviendo un diálogo interreligioso, en que los musulmanes pacíficos, ayudados por el mundo tolerante, puedan realmente librar su batalla interna y lograr el predominio del lenguaje de la paz. No es verdad, como dice el Papa, que todas las religiones quieren la paz. Algunas sí y otras no. O algunos grupos sí y otros no. Y de eso se trata, de entender que las religiones que no quieren la paz deben ser derrotadas, en el terreno de los hechos desde ya, pero también en el de las conciencias, que es el más importante. Si no se desarma claramente la prédica del odio en mezquitas y madrazas, si no se enfrenta claramente y sin temores a los predicadores fanáticos, Occidente verá su fin. O el de los valores que lo configuraron, aunque sobrevivan sus Estados como cáscaras vacías.
Todo empieza por asumir, entonces, que si estamos en guerra, debemos combatir. ¿Contra quién? Contra los enemigos, los que nos declararon la guerra y quieren imponernos su religión retrógrada y su intolerante visión del mundo. Con ellos estamos en guerra y debemos luchar. Cada uno con sus armas, pero no dejarse vencer por el temor o la cómoda indiferencia.

*El autor es derechista, neoliberal y fue dos veces presidente de Uruguay.

http://www.resumenlatinoamericano.org/2016/08/01/el-papa-francisco-senala-no-es-justo-identificar-al-islam-con-la-violencia-y-se-contrapone-con-el-discurso-del-derechista-uruguayo-julio-maria-sanguinetti/

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